martes, 24 de septiembre de 2019

¡Mi hijo no quiere comer! ¿Qué puedo hacer?

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A veces son rachas de inapetencia, y en otras ocasiones, hay niños para los que comer es una tortura y para los padres un auténtico suplicio que lo hagan. Si os pasa, entenderéis por qué aquello que decían las abuelas y bisabuelas... ¡que sea de buen comer! Es uno de los mejores deseos que podéis tener como padres, que vuestro pequeño se alimente bien y no haya que pelearse todos los días delante de la comida. 

Aún así la preocupación debe ser relativa. Es muy probable que vuestro bebé comiese bastante y lo hiciese súper bien, y llegado un momento determinado este haya cambiado. No os asustéis. Los bebés comen en función de su tamaño y necesidades. Cuando disminuye su velocidad de crecimiento, necesitan menos energía y algunos bebés dejan de comer, o al menos ya no lo hacen tan bien como antes. Esto puede producirse en torno a los 10 - 12 - 18 meses. Durante el primer año los bebés engordan y crecen velozmente y demandan esa comida y energía. Después hay un frenazo porque durante el segundo año de vida del peque su desarrollo y crecimiento será mucho más lento. Por eso, cuando muchos niños que con año y medio o dos años comen menos que cuando tenían 10 meses, en casa saltan las alarmas. 

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Baberos rizo con goma al cuello Mimuselina

De ahí en adelante irá también en función del pequeño, según su crecimiento y desarrollo demandará más cantidad de alimento o menos, siempre dentro de unos límites razonables. Los padres, en este sentido, cuando su hijo no come, se desesperan muchísimo y es entendible. Si un niño no se alimenta correctamente y recibe todos los nutrientes que necesita su cuerpo para crecer, probablemente sufra enfermedades constantes e incluso déficit en el desarrollo que puede que tenga consecuencias durante toda su vida. La alimentación es fundamental, no sólo es comer. Es comer bien. Es decir, no vale todo porque el niño coma. Es como no quiere comer le doy un plato de macarrones siempre. No. 

Hay niños que nunca pierden el apetito y comen bien toda su vida. Otros, pasarán rachas donde lo que antes les gustaba deje de apetecerles y no quieran comerlo. Pasarán por ellas, os lo aseguro desde la experiencia propia y eso que Nico y Valeria son dos mundos completamente diferentes. Valeria nunca perdió el apetito, puede comer, recomer y volver a comer. A cualquier hora, le encanta la comida. Sin embargo Nico nos cuesta un trabajo horrible que coma. Usando los mismos métodos, con él nos tenemos que armar de paciencia. 

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Tupper Unicornio y baberos (alimentación Mimuselina)

Cuando van creciendo y quieren seguir jugando, investigando, descubriendo, disfrutando... para ellos parar a comer, como no notan tal necesidad de alimento como cuando eran bebés, supone casi "un castigo" que les obliga a dejar de estar lo que estaban haciendo, por ejemplo, jugar, para sentarse a comer cuando no tienen hambre. Es aquí donde entra una labor fundamental de los padres para crear unos hábitos y una conducta alimenticia de manera que desarrollen también su apetito y su gusto por comer sano y bien y que no vean en la comida una simple obligación, sino un placer, un momento de estar con los papis, un ratito divertido. Cambiar su percepción de la comida está en las manos de los papis, por lo que deberéis poner en práctica, con mucha paciencia, ya que no se consigue de un día para otro, algunos de los siguientes consejos que a nosotros nos han funcionado bastante bien: 
  1. Fomentar la autonomía del pequeño, sentarlo a la mesa como uno más, dejarle comer él solito, que incluso pueda servirse de la fuente y que pueda decidir qué le gusta más o menos y si tiene más o menos hambre ese día en ese momento. 
  2. El ambiente a la hora de la comida debe ser agradable, nada de liberar las tensiones del trabajo durante ese momento, nada de estar enfadados... Evita comer con la televisión puesta para no distraerse del objetivo fundamental: disfrutar de la alimentación y aprender a comer. 
  3. Mejor comer en familia, así ve que es lo normal, que es lo que todo el mundo hace. Muchos tendemos a darles de comer solos y antes para luego comer tranquilos mientras ellos están haciendo otras cosas. No es muy aconsejable. Mejor comer todos juntos y que el pequeño asimile que la conducta alimentaria es uno más de los momentos del día.
  4. Una alimentación equilibrada y sana. El pequeño debe probar alimentos nuevos y saludables, así su paladar se acostumbrará y serán niños que no solo quieran pasta y patatas fritas, sino que prefieran el brócoli y el pescado. Es cuestión de educar ese paladar y eso es terapia familiar. No puede ser que el niño vea que a él le ponen coliflor en el plato y que su padre se come dos huevos fritos con patatas. O que a él le tocan lentejas y su madre come pasta. Hay que comer todos igual y sano. 
  5. Para que el pequeño no se agobie con la cantidad de comida puedes falsear con un plato grande, como el de los adultos y su cantidad, que parecerá más pequeña con tanto plato vacío alrededor, pero él se estará comiendo lo que necesita. Un pequeño truco. 
  6. En la preparación de la comida podéis involucrarle. A modo de pequeños "Master chefs" pueden ayudaros en la elaboración de la comida, que vean cómo se preparan y de donde vienen los alimentos que va a tomar. También a la hora de poner la mesa, de elegir sus cubiertos, su vaso... si prueba lo que estáis preparando se le puede abrir el apetito antes de sentarse en la mesa. Si luego come algo menos, sabrás que ha estado comiendo durante el proceso, algo es algo. 
  7. Poner la comida por separado. Así puedes conseguir que pruebe un poco de cada fuente o plato sólo por el hecho de probarlos todos. Por ejemplo en un hervido de verduras puedes colocar las judías en un platito, la zanahoria en otro, la patata en otro... así ves lo que más le llama, lo que prefiere y seguramente quiera probarlo todo. Mejor que si se lo pones todo junto en su plato y se agobia. Puede ser otra posibilidad. 
  8. Horarios de comida fijos. Cuanto más se convierta en rutina más interiorizarán el momento y menos disgustos les supondrán estas comidas. Es importante crear un horario regular, así su estómago también lo hará y comenzará a tener apetito al acercarse la hora. 
  9. Intentar evitar que el pequeño coma entre horas
  10. Mantén su sitio fijo en la mesa. Así él ya sabrá dónde tiene que ponerse. Es su espacio, como todos tienen el suyo, él también. Se sentirá parte de la "liturgia" de la comida. 


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Baberos rizo con goma al cuello Mimuselina

Si está pasando por uno de los periodos en los que está inapetente y no quiere comer podéis hacer ciertas concesiones, pequeñas, porque los hábitos no deben perderse. Por ejemplo podéis dejarles que coman los alimentos que más les gusten, siempre y cuando no sea comida basura. Por ejemplo si le apetece más un yogurt, leche o gelatina que otra cosa, pues dejadles que se lo coman. Preferible es que coma eso solo a que no coma nada. 

También podéis hacer más atractivo su menú jugando con recetas de colores, colocar los alimentos de manera atractiva, hacerlo a modo de juego por ejemplo la verdura, la zanahoria a modo de tres en raya... Las frutas dan mucho juego, igual así come sano y se divierte. Aunque no hay que malacostumbrarlos ni que identifiquen la comida con un juego. De manera puntual en periodos de crisis os puede ayudar a que algo ingieran. Y es que ya sabéis el dicho de que con la comida no se juega pero si alguna vez la convertimos en un juego tampoco es un delito. 

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Y aquí viene la pregunta del millón, si no quiere comer ¿lo obligo?
No, no debéis forzarlo ni obligarlo ya que puede entonces asociar la comida más aún a castigos, nervios, presión y eso sólo complicará la situación. Es difícil, lo sé, ¡qué os voy a contar! Nico nos desesperaba y nos sigue desesperando, pero la paciencia es la reina de las ciencias. 

Somos los padres muchas veces los que también cometemos errores y debemos evitarlos desde el principio. No caer en la distracción (le ponemos el móvil, la tablet o hacemos el tonto cualquiera de los que le rodean para que coma) ni en las amenazas (decirle que si no come no jugará es mala asociación para la alimentación, lo seguirá percibiendo como una obligación-castigo). Tampoco debéis caer en el chantaje (si comes tendrás recompensa, no, hay que persuadir al niño de que coma por los beneficios de la comida, algo que no entienden, y no por conseguir algo). Hay quiénes los fuerzan abriéndoles la boca o tapándoles la nariz, eso al final puede acabar en vómitos, comida derramada y llantos, incluso en traumas asociados a la alimentación. 


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Babero resinado anti manchas y anti calado BabyLed Weaning Mimuselina

Para muchos niños que no comen bien, el poder asistir a comedores  tanto en las guarderías como en los coles y quedarse a comer con otros compañeros es una salvación para los padres. Allí, muchas veces, se ven rodeados de otros niños que hacen lo mismo y quieren hacerlo ellos. Sólo por no sentirse diferentes por ejemplo. Eso en casa no lo ven y muchos padres a la tercera cucharada se cansan. También llevarán una alimentación muy variada. Si tenéis la oportunidad de aprovechar el comedor infantil en las escuelas es un gran aliado sobre todo si vuestro pequeño no se alimenta correctamente. También puede suponer el efecto contrario, que si no es muy bueno el comedor, les de igual si ha comido más o menos y el niño consiga su objetivo de no comer. Podéis probar a ver si os funciona. En nuestro caso con Nicolás fue un acierto, y a Valeria casi tienen que ponerle doble ración algunas veces, jejeje. ¡Son tan diferentes a la hora de comer...!

Y en vuestro caso, ¿qué es lo que más y mejor os funciona? ¿Tenéis que enfrentaos cada día a esta situación? ¿Cómo lo conseguís superar?


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