viernes, 24 de junio de 2016

Así son las escuelas de Finlandia, las mejores del mundo


Tres profesores españoles que trabajan como docentes en el país nórdicos nos abren las puertas del aula. Allí los niños, además de matemáticas, aprenden carpintería, cocina, costura... y esperan solos en casa a que sus padres vuelvan del trabajo.

Allí todos los niños saben cocinar. Les enseñan en el colegio. Preparan ensaladas sencillas y hasta asados. También hacen punto en horario escolar y tejen patucos para el invierno. También aprenden a hacer la colada, a limpiar las ventanas y carpintería a partir de cuarto de Primaria.

Casi todos los niños van a la escuela pública y cualquier colegio del extrarradio o de una zona de inmigrantes tiene el mismo nivel que uno ubicado en una zona pudiente. Las familias no eligen escuela, van a la que tienen más cerca de casa. Colegios donde hay psicólogos y enfermería, espacios abiertos y sin vallas, en los que los niños no tienen la sensación de estar encerrados. Y no lo están porque pasan mucho tiempo fuera.

La escuela en Finlandia es pública y gratis. No pagan matrícula, ni material. ¡Hasta el comedor es gratuito! Las familias pagan más o menos por la guardería en función de sus ingresos y los padres que deciden dejar de trabajar un tiempo para cuidar a sus hijos tienen muchas ayudas. Las mujeres disfrutan de nueve meses de baja maternal con el 70% del sueldo y hasta que su hijo tiene 3 años te guardan el puesto de trabajo. Además, en esos tres años reciben entre 400 y 500 euros del Gobierno. El desembolso escolar empieza en Bachiller, porque tienen que pagar los libros, que no serán tampoco la principal herramienta de trabajo.

Los profesores son gente muy seleccionada. Cuando se les examina, además de los conocimientos académicos, se evalúa la empatía y la capacidad de trabajar en equipo. Aquí el que se mete a profesor es porque le gusta trabajar con niños, no porque no tenga más remedio o no le dé la nota para otra carrera. En España muchos niños se educan con el móvil y con los abuelos, porque las familias no tienen tiempo para ellos. Lo que pone mucha presión sobre el maestro. Los progenitores les piden que metan en vereda a sus hijos pero sin darles autoridad. Aquí no necesitan reclamar que se les dé autoridad, ya la tienen y se confía en su criterio.

Los resultados también son una prueba de que allí la educación escolar está a otro nivel. Ahí la segunda Guerra Mundial no se estudia necesariamente en la clase de Historia. Se puede estudiar en la de Arte, Literatura... Y se enseñan conceptos de mecánica y matemáticas con las piezas de Lego, construyendo mecanismos y engranajes sencillos, contando los dientes de una rueda y estudiando qué determinada fuerza de torsión ejercen.

El sistema es distinto, el aspecto de las escuelas también. Hasta el horario. No es fijo de nueve a dos, sino que algunos días entran a las ocho, otros a las nueve, o a las diez. Y a las dos de la tarde vuelven a casa.

Los alumnos de primero de Primaria pueden quedarse hasta las tres o las cinco haciendo actividades extras en el colegio, mientras sus padres vuelven de trabajar.

Hay más tiempo de patio que en España y la música forma parte de la educación escolar.
En Primaria no hay más de veinte alumnos por clase, y en Secundaria pueden ser ya más. Aunque la estrategia educativa es la misma a todos los niveles... y con todas las asignaturas.


La clase es un círculo de confianza donde hay respeto mutuo entre el profesor y los alumnos, que firman 'acuerdos' mediante los cuales se les dan ciertas libertades. Por ejemplo que se pueda escuchar música mientras trabajan. Si usan cascos y no molestan a los demás no hay problema en que un estudiante se concentre con la música. O a otros niveles inferiores, por ejemplo, tampoco pasa nada porque los que antes acaben un examen o un ejercicio se pongan en un lado de la clase a jugar sin molestar mientras los demás compañeros terminan.